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Aquello

Aquello que nos detiene es también en otros momentos lo que nos golpea. Siempre es algo que no deja que el cuerpo sea eso que quisiera ser y la nada se expande, de a poco y pausado, y el cuerpo quieto, la vida quieta. Qué es lo que nos pone en movimiento si no es la misma vida sujetada por la propia voluntad que se esfuma de nuestra vista pero que la olemos sin poder descifrar el argumento del aroma. La piel se tensa y de golpe otro golpe, uno más fuerte, uno que nos pone en movimiento. Atado como está comienza a moverse, a conjugarse, mal, atolondrado sin regla, buscando una que lo guíe. De nuevo busca un puerto donde anclar el agua que lo forma, que lo forra, o forrea. Y de golpe, de nuevo, otra vez, otro golpe, una prostituta bien prostituta, que lo golpea por el costado y lo hace trastabillar sin reacción. Lo sujeta de brazo, flaco el brazo, que no puede hacer frente a la fuerza de la mina que ahora lo tiene agarrado, mal agarrado, pero con fuerza, y no puede hacer otra cosa que intentar mirarla. Y la vé. Para su gusto, le gusta, le gusta su boca pintada, bien pintada con un color que hace que esa boquita resalte su imaginación. Le gusta, le sorprende también el pelo, largo y morocho, que se acomoda a un cuerpo que no parece de una mujer que lo pudiera conmover. Y no lo conmueve, lo ata, lo sujeta como el cuerpo esta sujetado a su sangre, y sabe que hacer, no sabe nada, la mira y nada más, la admira y se le seca la boca, se le para la pija y no puede disimular, no porque esta todo, todo el cuerpo, metido en el cuerpo de esa prostituta que lo mira y se le caga de risa, cual mujer que sabe que la vida no se acaba en un polvo, ni en una charla, que la vida no se acaba porque uno se coge a otro, o a otra. Él la mira, la mira mucho y ella sabe que le tiene miedo, demasiado miedo por un simple agarrón, un agarrón de mierda.

  • ¿Te gusta? ¿Qué mirás? ¿Me querés coger? Soy cara y vos pobre. ¿Qué querés hacer?-

  • ¿Cuánto?-

  • Cinco mil.-

  • ¿Cinco mil? ¿Qué hacemos con cinco mil?-

  • Me coges todo el día, venticuatro horas, todo lo que quieras en ese tiempo.-

  • Y si no quiero coger…-

  • Ese es tu problema, yo te acompaño todo un día a donde quieras, en donde quieras y me podes coger cuanto tiempo quieras las veces que quieras mientras tanto, o no. O me podes mirar mientras me toco, o me tocas. O lo que tu imaginación disponga mientras seamos sólo nosotros dos.

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Ha llegado

Ha llegado el fin. No podremos ser más lo que hemos sido, si es que para alguien fuimos algo. Si, bien dijiste che, bien dijiste. Bueno, tampoco es que dijo algo, deja de poner el decir en todos lados, como si fuera lo más abstracto que se te pueda ocurrir. El fin llegó para todos, no discutamos al pedo, porque al pedo ya me lo tiré y mejor me siento. Aquel no se siente, el culo ardiendo le quedó. Pero volvamos a lo que nos acontece. El fin, el señor fin ha llegado para darnos un principio. Se nos abre, de nuevo, pero ahora con un gramo de consciencia, otra perspectiva. Sí, queremos ser fuertes, pero ahora no sólo lo queremos, lo estamos haciendo, nos estamos volviendo más fuertes. ¿Por la consciencia? No, por la potencia que nos estamos dando lentamente, porque nuestros flujos ya han cambiado, nuestro cuerpo ha cambiado. El poder nos exige, la vida nos quiere, queremos a la vida, queremos, entonces, este fin, esta nueva forma de fugarnos a una nueva perspectiva que todavía no abrió los ojos y quizás nunca los abra, pero es nueva, simplemente porque no sabemos como veremos de ahora en más todo lo que se nos avecina, todo lo que ya ha pasado y que se vuelve a suceder.

Abandonamos lo que nos une, giles, para volver a lo que nos diferencia. Volvemos a diferenciarnos para potenciarnos. Basta de creernos parte de lo mismo, no lo somos, sólo nos cruzamos un instante: hagamos que sea el instante más potente de nuestra historia.

Callate, callate. No grites, estoy durmiendo. ¿Quíenes son ustedes? Los voy a matar a todos. Los quiero che, los quiero. Cómo me gusta que se toquen, que se toquen tanto. Te odio porque me cagaste, me cagaste la ropa. Vos me la measte. Ya está todo listo, no digan que no les avisé. Nunca avisas nada. ¿Qué pasó? ¿Quién anda ahí? Yo no. Nadie. No, él no, él se fue, dijo que venía en un rato. ¿Venir, a dónde? ¿A dónde vamos? De acá no se va nadie. Yo quiero ir a donde no vaya el otro. Me gusta cuando son auténticos, sino no me gustan. Te gustan cuando te cogen por el orto, sino no te gustan. ¿Quién se cago? Fue yo. Perdón che. Cagaste.

Y sí, algunos todavía no lo podemos creer, pero el fin ha llegado, a partir de ahora hasta cuando no podamos darnos cuenta todo lo que fue será puesto a prueba para ver si se la banca. 

Chau trastornados

Decirme

Dónde estoy? Dónde mierda estoy? Encerrado, todo el día encerrado. Consciente hasta el cogote de que estoy encerrado. No escribo, salvo ahora, lo que quiero, y ahora no estoy escribiendo lo que quiero, sólo estoy escribiendo. Qué está pasando? Estoy perdido, alienado, tengo todo objetivado en el sentido de que he hecho de todo un objetivo, no más un placer, un goce, como empezó todo.

Sigo encerrado, necesito salir afuera, a algún afuera. Me reprimo, me reprimo, me mantengo atado sin que nadie me sujete.

Hay que decirme, hay que decirme con ganas. Otros me dirán, no se dice hay que decirme si querés hablarte a vos mismo, se dice, “me tengo que decir”. No hay nada de me, hay decirme, sólo decirme. Decirme que soy genial y que cada palabra es una locura que desenfrena la vida, porque la desenfreno, porque hay que desenfrenarme. Pero no seamos ilusos, no sean ilusos, no se dan cuenta qué ese no es el problema, el problema es que no hay, no hay nada, sólo genialidad, vacía genialidad.

Pero no crean, no sean idiotas que uno se piensa que tiene genialidad, es que por más que la tenga no habría nada desde donde impulsarla.

Sólo nos queda el hedonismo. Ah, si, si, hedonismos, vicios, muchos vicios, goce, extremo extremo.

Date cuenta, y vos también date cuenta, y vos, el otro que anda tirado por ahí, todos dense cuenta, dense cuenta que se tienen que activar, que hay que recobrar el impulso, el maldito impulso.

Imagen

No hay nada para decir, pero ella siguió caminando, siguió, como sigue todo el mundo por el bosque, sin estacionarse demasiado, sin prestarle verdadera atención, dejándose rodear por lo verde, la falsa naturaleza, lo artificial que tiene el orden, por lo irracional de la razón. Y así pasó, frente a varios y varias a la vez, muy al instante, muy ambiguos. Pero nadie la miraba, nadie le prestaba atención. Más que nunca sintió que no estaba en su lugar y sin pensarlo, sin que nadie lo pudiera percibir, se le escapó un suspiro, una gota de aire que salió de sus pulmones en busca de un poco de libertad, o de más de si misma.

Imaginaba ella que nada le valía mucho la pena. Pero seguía caminando como si eso no pasara. Al mismo tiempo que imaginaba, nada pasaba, no había en su expresión algo que delatara su mente.

Pensó en detenerse, pero le pareció que hacerlo era una estupidez.

Esto fue lo último o estuvo a punto de serlo. Tengo que seguir, o terminar, no sé qué es peor, o sí. No importa tampoco pensar en eso, tengo que seguir, pase lo que pase, cueste lo que cueste.

Mucho tiempo nunca es demasiado. Siguió caminando, pensando, sin que nada le valiera la pena, sin que nadie pudiera adivinar su mente, casi hasta el punto de preguntarse en dónde estaba. Ella lo sabía pero la idea de perderse siempre le atrajo. Venir al bosque, al invento de bosque, era poner en práctica eso, pero siempre fue imposible, el bosque no era impredecible. Los carteles no le dan ese lugar, lo caminos, las calles que lo rodean, la gente que lo transita. Merecen morir pensaba ahora, pero siguió caminando, al fin y al cabo matarlos a todos resulta imposible, alguien sospecha tarde o temprano que los están matando.

Se acordó de la embarazada, de lo linda que era su sangre y se dio cuenta que no la había probado, que la había dejado coagular sin pasarle la lengua y ver si era tan dulce como su voz. Pensó que se estaba volviendo pelotuda, pero sabía que no era ella, que eso le era ajena. Le dieron ganas de comer, pero no de ir a comprar la comida. Alguien tiene ganas de sufrir.

Y alguien está sufriendo. Miro mis manos y están temblando, llenas de sangre pero no tengo nada, estoy limpio. Igual veo las manchas.

El bosque no le interesaba que ella lo recorriera. A ella tampoco le interesaba el bosque. En su cama había dejado a la embarazada. Decidió que era tiempo de volver, quizá dormir un poco, masturbarse antes y después acostarse. Pensar, sobre todo pensar, eso es lo que debía hacer porque tenía que volver a hacer algo, un poco de arte, o algo que se le parezca un poco.

Escritura

No sabía si hacer algo o simplemente dejarme estar, así, sin mas… Pero ahí estabas de nuevo, en ese mismo lugar donde me había olvidado que estabas. Cansado te vi, porque mi vida se ha vuelto cansada y así te volví a encontrar, yo cansado, vos en el mismo lugar. De haber sabido, de haber sabido, quizá no hubiera sido como fue, pero así lo fue. Tengo que volver a encontrarte, me tengo que concentrar, de nuevo ponerte como prioridad.