Archive for diciembre, 2014


Afuera

Cómo terminar de escribir lo recién empezado sin tener el punto a la vista y sabiendo que la coma sin querer hacernos detener nos hace vacilar en ese segundo que debemos tomar la pausa: he ahí los dos puntos que nos abren un nuevo camino y un nuevo lugar que se extiende cual abismo en busca de ese punto que no tarda en aparecer. Hemos terminado, dice él y uno sigue, como si nada, y con las vacilaciones que sean necesarias, pero, como insisten ellas, hay que seguir escribiendo aunque sea lo último que quede, aunque no quede más nada para seguir, aun cuando no exista nada hay que seguir, arrastrando el aliento y la carraspera que corre por la garganta por culpa del aire contaminado, viciado de basura inútil que desborda por todos los rincones.

Aparte, te digo algo, el rostro que enmascara la carne y los huesos no son más que ellos. No hay nada más allá ni más acá, ni por otro lado ni desde otro lugar. Acontece la mirada, la mueca tímida de un reflejo que no entiende lo que expresa, la nariz sucia que se llena de tierra por los mocos que quieren salir porque la verdad está en ese afuera inasible, incuestionable. El afuera acontece y desborda todo el cuerpo, todo el espacio atrapando hasta nuestros agujeros más reprimidos, esos que quieren ser penetrados para poder disfrutar esa exterioridad que no hace más que atravezar lo que toca. El acontecimiento deviene sobre el cuerpo que se va formando entre los puntos y las comas, entre la piel que expresa todo lo que existe de nosotros, que nos pone en la evidencia de que no somos más que esos puntos y comas, esa mueca, un pliegue en el tiempo. Aún así hay que seguir, seguir hasta que no quede nada, aunque no quede nada, a pesar de que nunca hubo nada.

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Caminando

Y pensaba, viste, pensaba caminando viniendo para acá las cosas que pasan, que me pasan y venía caminando cuando pude ver que no aparecía nadie, que no había nadie. Vos me miras con esa cara, pero no había nadie, nadie en mi mente, ni un pensamiento y no dejaba de pensar en todo lo que se cruzaba. Se me puso en blanco la mente y no pude seguir caminando. Fue algo muy raro porque nunca dejo de caminar, siempre sigo, siempre sigo y ahora no pude, no podía. Dos personas me golpearon sin detenerse, voltearon sus miradas con bronca de un día entero de trabajar para otros. Digo eso porque vi eso, porque vi que trabajaban para otros, me vi que trabajo para otro. Se me vino el abismo proletario y la esclavitud a los medios del burgués más millonario que ya trabaja para ese dinero que no me pude mover, ni un milímetro. Me chocaron y con esa bronca de esclavos siguieron caminando y yo con la mía de esclavo me clavé en seco sobre la mísera vereda. Me miras con esa cara pero te digo que no me podía mover, no pude. Supuse que no podía porque había tenido una epifanía y mi cuerpo no la había resistido. No, no había nada en mi cabeza, sólo un cuerpo esclavo detenido sin querer moverse y una mente absorbida por una voluntad sin especificidad.