El alto pedestal de las cosas capitales y decisivas.

Antes pasará el camello por el ojo de una aguja, a que un creador entre el reino de Plagio.

En uno de los mármoles de los mingitorios habían escrito

que se había hecho de noche y que los focos dobles del parque inicial parecían destinados a una pesadilla.

Idénticos planes para el resto del día, juntos al último sol.

Esa noche corrimos y la levantamos hasta casi sentarla sobre la cama.

Se puede volver al sur por abajo del mar.

También me viene claramente la primera frase gesticulada: escritura es arte, el arte también es prescindible.

Nombrar a un grupo social desclasado de trabajadores ocasionales, precarios, vagabundos y a veces delincuentes.

Ahora ya no le importa registrar, filosófico, las posibles características de un ser.

Se escapó del mingitorio sin atreverse a mear.

Estaba entregado a una bruta inercia.

De un solo tranco ha llegado a su altura y prosigue sin detenerse.

“¡vamos carajo!” a la vez que se dejó caer de rodillas y se estiró la remera.

Aquella mañana de agosto la calle estaba desierta.

Uno nunca llegará a entender a las mujeres.

La llovizna resbalaba lentamente por la convexidad barnizada.

En el suelo, algunos hombres de teatro de izquierda, muertos en posiciones macabras.

No tuve más remedio que convencerme de que la madre estaba implícita.

Muchísimos de hambre han muerto.

De la misma voz brotaban distintas historias de posesión.

Era, naturalmente, la perla de las perlas.

 

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