Juramos un día dejar de golpearnos y buscar ese lugar donde nos podíamos tocar ahí cuando todo estaba quieto en la esquina que no deja de girar a la derecha en un rincón sin salida posible para nuestra vida, de golpe nos vemos de nuevo de frente contra el mismo alambrado que separa un baldío abandonado bien cuidado que nos vemos en la insensatez de volver a mordernos, por lo menos no es un golpe; nos tocamos con ganas de sentir la piel y su aspereza de mugre que no se rinde aunque el agua que ha caído en la ciudad nos ha bañado hasta en el último rincón de nuestro cuerpo ahí donde nos tocamos. Sonaba The Doors y tarará tarará y la puerta que no se abría y me tocabas sujetando con la izquierda desde el lado derecho mi pija dura que buscaba hacerse sentir entre tus piernas firmes y mojadas. Me mordías porque no podías golpearme, porque lo habíamos aclarado, pactado, y mi fuerza impaciente buscando tu culo para apretarlo con mi mano derecha intentando llegar desde otro ángulo; humedad que nos abrazaba desde el exterior se arrebataba desde dentro sin que el alambrado protegiera nada el baldío más sucio que yo con más olores que vos con tu pelo negro que se colaba entre nuestras bocas guisadas, hambrientas de otro bocado sangriento. Quería tu sangre de leche coagulo infecto de vida insulsa determinada. Siempre me decías que no te gustaba mi sangre ni la leche que te daba arcadas cuando la tomabas toda acalorada en días de humedad absoluta, que la lluvia te gustaba viva bien fuerte con gotas gordas y mojadas.

Kilos de yerba en un departamento sin mate, sin bombilla y con miles de papeles inservibles que no juntan ni media frase que valga la pena y toda la ilusión que gasté en un par de lapiceras que lo único que han hecho fue tachar y tachar garabatos cansados de una mente arrepentida en cada línea de que ese era el lugar al que quería elegir como su lugar. Insistencia absoluta de una incomprensión sin terreno propio buscaba ese espacio que le permitiera dar con algo exterior al cuerpo pero con calor del mismo, nada que decir ni experiencia por vivir y otro tachón más en la lista de papeles amontonados vueltos a estirar llenos de arrugas. – ¿Qué querés de mi?- te pregunté de nuevo, otra vez en esa mirada absuelta de culpa y responsabilidad austera para que no me respondieras nada dándome la espalda fría y blanca que siempre me dejaste ver sin que la pudiera tocar de frente, siempre de espalda y esa mirada de mierda.

Aquel día no ibas a decir nada, era tu pausa en el tiempo de mi vida que se acaba lentamente como quien se va caminando al horizonte pelotudo que siempre retorna. Tu retorno otro día fue el que me dejo la puerta vacía con el cuerpo desnudo flaco de fuerza y esa mirada de mierda. Me mordiste muchas veces y ahora depositaste tu veneno dándome muerte más muerte más muerte, borracho de vino.

Entretanto, entre tantos, papeles dados vuelta, rayados con garabatos inexplicables y frases de mierda, grasas y mal armadas con esa sintaxis que no encuentra su consciencia ni su pragmática, lejos ese ritmo, ese estilo que es la firma grandilocuente y oculta de cada muñeca que mueve lineas que los idiotas que leen creen entender pero nunca entendieron. Y vos de nuevo en mi puta cabeza arrebatada ya de argumentos mirándome caer de nuevo y cagándote de risa como una buena hija de puta, como la hija de puta que sos. Demasiado puta para mi siempre me dijiste.

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