Archive for febrero, 2014


Demasiado puta

Juramos un día dejar de golpearnos y buscar ese lugar donde nos podíamos tocar ahí cuando todo estaba quieto en la esquina que no deja de girar a la derecha en un rincón sin salida posible para nuestra vida, de golpe nos vemos de nuevo de frente contra el mismo alambrado que separa un baldío abandonado bien cuidado que nos vemos en la insensatez de volver a mordernos, por lo menos no es un golpe; nos tocamos con ganas de sentir la piel y su aspereza de mugre que no se rinde aunque el agua que ha caído en la ciudad nos ha bañado hasta en el último rincón de nuestro cuerpo ahí donde nos tocamos. Sonaba The Doors y tarará tarará y la puerta que no se abría y me tocabas sujetando con la izquierda desde el lado derecho mi pija dura que buscaba hacerse sentir entre tus piernas firmes y mojadas. Me mordías porque no podías golpearme, porque lo habíamos aclarado, pactado, y mi fuerza impaciente buscando tu culo para apretarlo con mi mano derecha intentando llegar desde otro ángulo; humedad que nos abrazaba desde el exterior se arrebataba desde dentro sin que el alambrado protegiera nada el baldío más sucio que yo con más olores que vos con tu pelo negro que se colaba entre nuestras bocas guisadas, hambrientas de otro bocado sangriento. Quería tu sangre de leche coagulo infecto de vida insulsa determinada. Siempre me decías que no te gustaba mi sangre ni la leche que te daba arcadas cuando la tomabas toda acalorada en días de humedad absoluta, que la lluvia te gustaba viva bien fuerte con gotas gordas y mojadas.

Kilos de yerba en un departamento sin mate, sin bombilla y con miles de papeles inservibles que no juntan ni media frase que valga la pena y toda la ilusión que gasté en un par de lapiceras que lo único que han hecho fue tachar y tachar garabatos cansados de una mente arrepentida en cada línea de que ese era el lugar al que quería elegir como su lugar. Insistencia absoluta de una incomprensión sin terreno propio buscaba ese espacio que le permitiera dar con algo exterior al cuerpo pero con calor del mismo, nada que decir ni experiencia por vivir y otro tachón más en la lista de papeles amontonados vueltos a estirar llenos de arrugas. – ¿Qué querés de mi?- te pregunté de nuevo, otra vez en esa mirada absuelta de culpa y responsabilidad austera para que no me respondieras nada dándome la espalda fría y blanca que siempre me dejaste ver sin que la pudiera tocar de frente, siempre de espalda y esa mirada de mierda.

Aquel día no ibas a decir nada, era tu pausa en el tiempo de mi vida que se acaba lentamente como quien se va caminando al horizonte pelotudo que siempre retorna. Tu retorno otro día fue el que me dejo la puerta vacía con el cuerpo desnudo flaco de fuerza y esa mirada de mierda. Me mordiste muchas veces y ahora depositaste tu veneno dándome muerte más muerte más muerte, borracho de vino.

Entretanto, entre tantos, papeles dados vuelta, rayados con garabatos inexplicables y frases de mierda, grasas y mal armadas con esa sintaxis que no encuentra su consciencia ni su pragmática, lejos ese ritmo, ese estilo que es la firma grandilocuente y oculta de cada muñeca que mueve lineas que los idiotas que leen creen entender pero nunca entendieron. Y vos de nuevo en mi puta cabeza arrebatada ya de argumentos mirándome caer de nuevo y cagándote de risa como una buena hija de puta, como la hija de puta que sos. Demasiado puta para mi siempre me dijiste.

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Aquello

Aquello que nos detiene es también en otros momentos lo que nos golpea. Siempre es algo que no deja que el cuerpo sea eso que quisiera ser y la nada se expande, de a poco y pausado, y el cuerpo quieto, la vida quieta. Qué es lo que nos pone en movimiento si no es la misma vida sujetada por la propia voluntad que se esfuma de nuestra vista pero que la olemos sin poder descifrar el argumento del aroma. La piel se tensa y de golpe otro golpe, uno más fuerte, uno que nos pone en movimiento. Atado como está comienza a moverse, a conjugarse, mal, atolondrado sin regla, buscando una que lo guíe. De nuevo busca un puerto donde anclar el agua que lo forma, que lo forra, o forrea. Y de golpe, de nuevo, otra vez, otro golpe, una prostituta bien prostituta, que lo golpea por el costado y lo hace trastabillar sin reacción. Lo sujeta de brazo, flaco el brazo, que no puede hacer frente a la fuerza de la mina que ahora lo tiene agarrado, mal agarrado, pero con fuerza, y no puede hacer otra cosa que intentar mirarla. Y la vé. Para su gusto, le gusta, le gusta su boca pintada, bien pintada con un color que hace que esa boquita resalte su imaginación. Le gusta, le sorprende también el pelo, largo y morocho, que se acomoda a un cuerpo que no parece de una mujer que lo pudiera conmover. Y no lo conmueve, lo ata, lo sujeta como el cuerpo esta sujetado a su sangre, y sabe que hacer, no sabe nada, la mira y nada más, la admira y se le seca la boca, se le para la pija y no puede disimular, no porque esta todo, todo el cuerpo, metido en el cuerpo de esa prostituta que lo mira y se le caga de risa, cual mujer que sabe que la vida no se acaba en un polvo, ni en una charla, que la vida no se acaba porque uno se coge a otro, o a otra. Él la mira, la mira mucho y ella sabe que le tiene miedo, demasiado miedo por un simple agarrón, un agarrón de mierda.

  • ¿Te gusta? ¿Qué mirás? ¿Me querés coger? Soy cara y vos pobre. ¿Qué querés hacer?-

  • ¿Cuánto?-

  • Cinco mil.-

  • ¿Cinco mil? ¿Qué hacemos con cinco mil?-

  • Me coges todo el día, venticuatro horas, todo lo que quieras en ese tiempo.-

  • Y si no quiero coger…-

  • Ese es tu problema, yo te acompaño todo un día a donde quieras, en donde quieras y me podes coger cuanto tiempo quieras las veces que quieras mientras tanto, o no. O me podes mirar mientras me toco, o me tocas. O lo que tu imaginación disponga mientras seamos sólo nosotros dos.