Hace mucho que no escribo en este espacio. Abandonado como lo tengo vengo a dar un presente, a poner un poco de tinta virtual a un lugar que no ha dejado nada todavía y tampoco dejará. El último post pretendía ser un antes y un después, pero nada ha sido como se pretendía, nada porque todo fue arrebatado, todo me han robado de mi cuerpo. Igualmente, si el último post fue un antes y un después, suponiendo que lo fue en realidad, no ha dejado de ser más que ese antes y después que es la escritura, su práctica en el estampado de un instante, pero al caducar ella, la práctica, el después se estancó. Digamos entonces que el último post fue un antes y un después con este detenido en un espacio que se extiende en el tiempo más de lo que mi mente y mis intenciones pretenden. Ellas lo pretenden, si, claro, como no han de pretenderlo. El problema es el cuerpo, el motor, la maquina que no ha seguido la linea de la mente y su voluntad. Mente controla cuerpo dicen. Mentira, la mente no controla al cuerpo, no a este cuerpo, no a este que ha sido despojado de la fuerza de comprender lo que la voluntad de la vida quiere. Este cuerpo no se ha movido. La mente ha avanzado siguiendo su voluntad pero todo lo demás se ha quedado atrás, quieto, entumecido.

Es por eso que no me gusta este mundo, que no me agrada mi realidad, por mejores circunstancias y condiciones en las que viva. No me gusta porque mi cuerpo no se encuentra en el mismo lugar que mi mente, mi mente esta avanzando, tomando a la realidad, la virtualidad que construye con su poder queriendo cambiarla pero no se encuentra ni cerca. No tiene su cuerpo, no tiene las armas, su maquina de guerra para afrontar los conflictos con toda la fuerza posible, con toda la potencia. Hoy mi mente esta frente al umbral, frente a la oscuridad más latente y misteriosa, más inminente que jamás ha vivido, pero está sola, sola pensando, pensando y nada más que pensando. ¿Qué hacer cuando sólo se piensa?

Mi cuerpo fue degenerado, en toda su vida no ha sido más que un lugar donde se han depositado las más bajas presiones y los más inefables deseos. Mi cuerpo no ha vivido el desafío de la violencia, no se ha visto nunca en peligro, no ha sentido el vértigo de la vida, se ha degenerado en una mediocre seguridad de vida. No me gusta este mundo, no me gusta su desencanto, no me gusta la falta de Dioses, la falta de magia, de incertidumbre verdadera, de la que pone a la vida en juego. El mundo hoy es vertiginoso, veloz y la vez monótono, estúpido, ausente de desafíos. No porque no haya nada para cambiar ni combatir sino que lo que hoy se busca combatir no es la debilidad de los hombres sino la fuerza de un sistema que aplaca la vitalidad del vivir, y se lo combate para que el vivir sea aún más aplacado. El orden no hace más que reproducirse y clonarse en los cuerpos. El mio es uno de ellos. Mi mente esta en el umbral más oscuro de los umbrales, ansiosa, deseosa de lanzarse sin mirar atrás, sin pensar más. Mi cuerpo esta acostado, sentado, moviéndose por los mismos caminos, haciendo cotidianamente los mismos recorridos sin detenerse, sin atravesar el umbral, estancado.

Hace mucho que no escribía en el blog, hace mucho y no he dejado de pensarlo, ahora mi cuerpo se decidió a redactarlo. Está quieto, quizá más quieto que de costumbre. Mi mente sigue frente al umbral, frente a la oscuridad, pensando, queriendo dar el paso para hundirse.

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