Archive for septiembre, 2012


Nihilismo

Te fuiste y ahora si que nos vemos, lejos, sin cruzarnos las miradas. Sentido de mierda que se abruma ante tanta realidad que excita en estos tiempos a una consciencia estúpida y débil. Te vi cuando te ibas, como pensativo, hasta casi relajado. Te vi, hijo de puta, que te sonreíste.

Otto siguió caminando, no se veía nada parecido a un pesar o tristeza por lo que pasó. Lo que era seguro que ahora sin la anarquista dándole vueltas no estaba tan pelotudo, quizás si un poco más tranquilo, menos combativo, pero menos pelotudo, porque hay que decirlo, hay que ser medio pelotudo para ser anarquista, por lo menos en un principio.

Se quedó pensando, sin la sonrisa, sin la liviandad, porque todo pesa, tarde o temprano pesa, se vuelve sobre los hombros y pone eso que no queremos frente a nosotros para que nos aplaste la consciencia, la psicológica, la de clase, la revolucionaria, la reaccionaria. Si, nuestra consciencia se hunde de golpe luego de esas cosas, aunque sea por un instante, en un nihilismo peligroso que absorbe más de lo que el mundo ya nos ha absorbido. A veces caen lágrimas, se golpean cosas, se sonríe más, se grita un poco, sobre todo se llora con esas lagrimas que llegan hasta las comisuras de la boca, saladas y que la lengua no puede evitar probar, porque todos los sentidos se hacen parte de ese momento. La vista se nubla por el agua, el gusto se sala, los olores se ausentan por una congestión arrebatada, el tacto se pone sensible, se tensa, se humedece y es difícil escuchar, no se entiende nada. Pero Otto dejo sólo un par de lágrimas salir, las otras las guardo, con fuerza, y se sentó para no desvanecer, porque esa fuerza que lo aplasto fue fuerte, estuvo a punto de desmayarlo. Un par de gotas se escaparon rebeldes de sus ojos. Se sonó la nariz y escupió para aclararse la garganta. Hija de puta, se dijo, hija de puta…

Estuvo unos instantes sentado con la espalda sobre el respaldo del banco y de a poco fue recobrando un poco el sentido de realidad, o del espacio, seguro que del espacio, de la realidad ya no quedaba nada, la anarquista lo había dejado, la realidad era pasado. Se frotó la cara, se puso de pie, se acomodó las bolas y el calzón y siguió caminando, un poco más relajado, aunque con el nihilismo todavía a cuestas, con un mundo que de a poco se iba desempañando.

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Ya era hora

Nos miramos seguido, aunque no pueda decir que de igual manera. También nos tocamos y ahí puedo decir que nos acercamos un poco más. Igualmente no va a terminar de ser importante, no tiene por qué serlo. Lo importante no importa mucho hoy en día. Otto, yo te toco y sé que te gusta, lo siento en las yemas de mis dedos, la siento dura, con ganas de nuevo, pero no es importante. Yo quiero que sepas que también me mojo, que se me pone húmeda, te miro y me estás mirando cuando nos tocamos. Esto no es lo que te quiero decir, Otto, no es esto, esto es más de lo mismo, no es lo importante ahora, no es esto. Quiero que dejes de tocarme, que me saques los ojos de encima, que me escuches lo que te quiero decir. Pero la tenés tan dura, mirá como la tenés Otto. Me gusta que me toque, me gusta, pero te quiero decir otra cosa, quiero que me hagas acabar rápido porque te quiero decir algo. No pares, no, dale, me gusta, sabes que me gusta.

Ahora si, te dejo un suspiro y te digo: quiero que nos separemos Otto, no te quiero ver más. No me mires así, yo también Otto, yo también, pero no quiero que estemos más juntos, yo no estoy bien, no quiero verte más así. Si, sos vos, pero no porque me hagas mal, no, no me haces mal, escuchame Otto, no quiero que me veas más. No, no sé te termina nada. Es por eso que no quiero que nos veamos más, es por eso, porque yo no quiero ser tu vida, quiero que vos tengas la tuya, tu propia vida, yo no puedo seguir sosteniéndote más así.

Que bueno que te fuiste, que bueno. Todavía estoy húmeda, todavía siento tus manos, pero más lejos. Me mirás de lejos, yo también, y sé que te veo, que nos empezamos a ver.