No se trata de pensar qué hacer, sino de alejarse del fin, del fin último, que no es más que el primer paso a seguir después de esto, quizá sea volver al primer paso. No se trata del fin, ni todavía de los medios, porque no son los medios los que importan, ni siquiera se trata del sentido, no existe uno ya. Si afirmo que hoy, en este siglo, el nihilismo es el imperativo en todos los aspectos de la vida y en cada ser, digo que de lo que se trata es de la búsqueda de una forma de vida, de una forma que no necesite un justificativo porque no necesita identidad. Lo que las letras necesitan grabar no son palabras, sino gotas de sangre, sangre roja, coagulada, sucia.

Lo que me pasa es que la sociedad que me ha criado es una sociedad estúpida, estúpida en tanto se cultiva con híbridas semillas, se riega con agua contaminada, se abona con químicos puros. Una sociedad que consume sin saber para qué lo hace, que fabrica cosas porque tiene más hambre de vender que de comer, más necesidad de comprar que de crecer. Se condena la muerte de unos pocos sin condenar la muerte de millones. Se combate porque los que nunca han empuñado un arma necesitan vender las suyas. Nos morimos en vicios porque no podemos entender que la razón no es una virtud y que si lo es no ha demostrado serlo nunca. Y lo peor de esto no es que condene esto, sino que lo estúpido es que piensan que hacen esto porque realmente comen por hambre, cultivan mejorando la tierra. Y si no piensan en realidad es porque son estúpidos, más que eso, son débiles, temerosos de saber que son una sociedad condenada, condenada como toda sociedad, al fracaso. Se teme al comunismo porque se le teme más al individuo, porque los pocos fuertes que resaltan no quieren proclamar su fuerza, no quieren aplastar a los débiles por la piedad que estos les demandan, porque los fuertes de hoy son débiles para asumir el desafío de su fuerza. Se glorifica la humildad de los más ricos por parte de los pobres, cuando son estos ricos los que los hacen pobres, quieran o no. Lo débil de hoy no esta en los ricos, sino en los fuertes que son parte de los pobres que no terminan de darse cuenta que son pocos, pocos pero que frente a esos ricos son siempre más fuertes. No se trata de redimir a la humanidad, sino de cambiarle el color, la moral, destruir la debilidad, no porque sea algo que está mal, sino porque son muchos años de debilidad los que siguen dominando la voluntad del hombre. No seré nunca un superhombre, ni un profeta, ni el mesías, ni el bastardo de un Dios, ya no queda nada para pensar esas figuras, no queda figura que sea capaz de portar cierta nobleza de valores, no existen más valores nobles, es necesario volver a crearlos de nuevo, aunque se pierda mucha sangre propia en el intento, aunque sea un único valor el que renazca, mientras sea la vida, la vida fuerte la que sobreviva.

Es por eso necesario la anarquía. No por el caos, ni por las mayorías ni las minorías, sino por la sangre, porque hay mucha carne podrida, mucha cabeza dormida, mucha morfina esparcida, porque el corazón de lo que tiene que ser debe latir, porque es el amor a la vida, a una verdadera, vacía de las falsedades en las que me han, nos han, creado y criado, el que quiero que prevalezca. No es mirar al pasado, no es pensar e imaginar un futuro, ni siquiera analizar el presente, es mucho más radical, es hundirse en la tierra, atravesar la tierra y sentir el calor de la lava, sentir la erupción de un corazón que esta queriendo salir a correr mientras nuestra mente esta rodeada por mentiras y falacias, con creencias que hacen que nuestro cuerpo, nuestro cuerpo, se ponga débil gregario, estúpido, torpe, que nuestro cuello tenga ese collar que nos detiene en nuestros verdaderos impulsos. La anarquía es necesaria porque nosotros tenemos una deuda con la vida, y para redimirla es probable que mucha muerte de carne podrida sea necesaria. No hay buenos y malos, no hay ni bien ni mal, es imperativo estar más allá del bien y del mal.

– Otto, terminé, ya está lista.-

– A ver… tenés que dejar de copiar a Nietzsche, y si no podes, por lo menos aportale algo de tu “Voluntad de poder”… no decís nada, no propones nada, y hasta, te digo, yo lo miraría y diría que no tiene valor, que, peor, no vale la pena.-

– vos no vales la pena Otto, vos no vales la pena…- que bueno que no me entiende.

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