Quisiera que Otto me viera, que esté en este momento, mientras me desnudo frente a toda esta manga de intelectuales pelotudos, seguro él me miraría con esa cara de boludo baboso, y yo lo ignoraría en apariencia, siendo constante con saber que tiene sus ojos puestos en mi de la forma que todos los demás no pueden llegar a alcanzar, que estúpidos que son, es tan sencillo llegar hasta esos lugares, ahí donde está Otto. No vino, yo sigo con mi discurso, con mi cadencia vocálica, la transformo en consonántica, y me muevo entre los bretes de los significados, salgo por el lado opuesto del significante y caigo, lentamente apoyando un dedo y luego toda la planta de mis pies, en una danza que marea a los ojos que me miran sin saber a qué prestar atención, insinuando bretes y clausurando el pacifismo de los comentarios, abriendo líneas, donde todo ese material fascista salga escupido, traicionando a los más honestos, a los más buenitos, pobres infelices. Ay, mi anarquía querida, mi anarquía que no quiere jefes ni dioses, sólo su propia fuerza caótica, ay, cómo quiero verte entre esas miradas, cómo deseo que salten las mujeres y me golpeen la cara con sus uñas despintadas, que me arranquen la piel con una boca sucia. Los hombres que no se quieren rozar por el miedo a la impresión de que su lado gay gane el terreno que su machismo todavía pretende conquistar, cómo me gustaría ver como se chupan las pijas y se las aprietan con las manos suaves, ya ausentes de fuerza varonil, esa fuerza varonil que pretende tener y que no saben defender. Mierda, quiero que me cojan entre varias y varios, que se saquen esa mierda puritana de la cabeza, me pongo en bolas y más miedo me tienen.

– Vuelvo a repetir, no es el problema cómo ponemos en descubierto al estado y sus estructuras, sino cómo las ponemos de manifiesto en nuestro cuerpo y comportamientos. En ese punto lograremos acceder a lo que en nuestro inconsciente todavía no se terminó de desarrollar, no funciona activamente para atravesar la conciencia racional y desplazarnos de mapa, llevarnos a otros paradigmas de representación y acción. Es en ese punto, perdón, el tampón me está molestando. Decía que es en ese punto, donde el inconsciente ya toma las riendas claras de nuestra conciencia, por fuera de los esquemas básicos conocidos, donde el proceso de destrucción de las estructuras que detienen el acto revolucionario aniquilador se convierte en pura práctica.

Nadie me quiere coger, me desean, pero me tienen miedo. Hasta los que tienen sus vidas en otro escalón mental no quieren ofender a los demás en su propia estupidez, se quedan sentados y me miran, me imaginan en más posiciones de las que pueden realizar y se quedan sentados, cruzando las piernas, suspirando por lo bajo. Mi cuerpo, ya sin el tampón, sale a la superficie, dejando su línea, desintegrándose una vez más, una nueva chance para que miren y sientan asco, o ganas de chuparme, de lamerme la pierna sangrada que desciende lento, interrumpida por los pelos que todavía no me he depilado, que nunca me he depilado.

Anuncios