Archive for mayo, 2011


Hermafrodita

¡Chicas! ¡Chicas! Si me vieran ahora chicas… me he vuelto predecible, mi vida es tan efímera que hasta no dura ni un segundo. Por eso me he vuelto predecible, porque no llego a realizar nada que siempre estoy volviendo a empezar. Dirán tantas cosas, pero es asi, mi vida es así. Ya ni siendo hermafrodita supongo alguna diferencia, no. El poder tener sexo conmigo mismo/a, me ha vuelto tan particularmente general sobre los problemas que acosan a la existencia que no sé como resolver ciertas cosas. (No quiero parar de escribir, ni leer lo que he escrito, porque no quiero ver su verdadero valor. ¡No! No quiero, no quiero nada, malditos, malditas, no saben lo que es, ¿No sé dan cuenta?) Estas cosas me hacen por momentos excitarme de tal manera que no logro concebir los limites para masturbarme: me penetro con miles de cosas, y me sacudo el miembro con toda la fuerza y violencia que mis brazos me dejan. ¡Cómo duele! ¡Que placer! Firme esta mi pene, húmeda mi jaula que muchos han fantaseado. Cómo acaban, cómo ensucian con líquidos espesos los pisos, las sabanas, todo lo que está cerca. Salpican con desorden y en abundancia.

(¡Los veo gritando por mi locura! ¡Ah malditos! Pero no me importa, porque esto es la máxima consciencia, nunca verán nada como esto, a menos que busquen, que se derrumben en la podredumbre de este mundo donde la belleza nace, se ve, se oye, se huele, se siente de otra manera, una manera que ustedes no comprenden. ¡No, algunos la comprenden, algunos si!) Corto mis venas dos veces por día, dos o tres, depende el día, generalmente después de masturbarme para liberarme de la sangre, de toda si es posible. Cuando fumo, los cigarrillos funcionan como el aire puro podrido que mis pulmones necesitan. Cómo adoro la podredumbre, cómo la adoro, ese humo puro, gris, espeso… Siempre de noche llegan mis clientes, muchas mujeres, a veces en pareja. ¿Saben por qué vienen? Porque quieren escapar, eso es lo que quieren, buscan mi cuerpo, predecible, tan común para ellos que lo toman, me toman con todas sus lenguas, me bañan en saliva, me mean y hasta me hacen comer su excremento. Y yo lo hago, con el mayor placer. Amo la mierda, amo toda la mierda, y es ella la que viene a mi, yo no la busco. Ellos también comen de lo mío, toman todo lo que pueden, me bañan y me vuelven a ensuciar. Los días de sol sirvo de plato para comensales, para gente normal, inteligente, para esas personas que se engalanan en su vida superior, esa vida llena de cosas que sirven y que elevan los estilos de vida.

(Si de lo podrido se trata, a mi lo que más me gusta son los bosques, los bosques que son el mantel de las montañas cuando se queman, cuando expiran, cuando llegan ustedes)

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Formas

Hoy vi a dos machos, muy machos, que me gritaban cosas, porque ya una no sabe si es que le gritan algo que se pueda decir. Son sólo cosas. Yo, vestida como siempre, como me lo exige el trabajo, provocadora para mi jefe, y todos los machitos de sus compañeros que me miran… no sé imaginan cuanto me miran, yo, chicas, les cuento esto porque ya, después de varios episodios no me queda otra que divertirme a más no poder. Abuso ya de éste poder que mi condición femenina me ha regalado para esté mundo de machos (Una sola cosa: somos más nosotras, ¿por qué todavía es un mundo de machos? la respuesta es simple, eso es lo que ellos creen, ¿o lo que nosotras creemos?); en fin, sigo con el cuentito: iba caminando y estos machotes me gritan de todo (para una mujer protocolarmente educada piense en lo peor… bueno, eso). Aguanté la risa y, cuando ya los perdí de vista, me regalé una sonrisa alagada por una carcajada muy pequeña, una risita, ya que aleje un poco la palabra (no hay que perder las formas. ¡Mentira! Hay que perderlas todas), y seguí mi camino a casa, ya que ese era el objetivo.

Pienso un poco en lo que me gritaron esos machos, tan machos que de lejos me gritaban esas barrabasadas. Me pregunto, como toda mujer debe hacerlo, supongo que hace… ¿serán capaces de hacerme, hacernos, todo eso? desconfío, no les creo directamente. Me considero una mujer, dentro de todo, liberal, hasta, entrando en la confianza, si es que logran que entre en ella, que puede llegar a hacer concesiones, experimentaciones, pero… pienso: si no son capaces de siquiera presentarse ante mi, ¿cómo se supone que les voy a creer que son capaces de hacerme todo lo que dicen me harían? Sabemos, todas nosotras, que no son capaces, porque, en realidad, esa estrella porno que tienen adentro no es capas de hacer las cosas que hacen los actores porno que ven con insistencia y que llevan a esa proyección de su capacidad sexual hasta el punto de creerse esos machotes con un su súper miembro. Después vienen, cuando les damos la oportunidad, y al menor ruido ya perdieron todo el incentivo. ¿Por qué? No nos importa, les tiene que importar a ellos.

Bueno, llegué a casa. No había nadie y me puse contenta, todo el espacio para mi. Lo primero que hice fue sacarme la ropa de trabajo y ponerme cómoda con unos pantalones sueltos y una remera liviana, que siempre son iguales, por eso son remeras, porque son livianas. Libre en cuatro paredes: paradoja. Me preparé un té con unas galletitas que siempre como y me recomendó mi nutricionista: feas, pero no engordan. Lo gracioso de eso, de las galletitas, es que en realidad no me importa mi cuerpo, nunca me perseguí y no soy de moderarme a la hora de la comida, como lo que hay, si es mucho como mucho y si es poco poco; por eso me resulta gracioso. ¿Qué tendré en mi consciencia que todavía tengo las galletitas? y ni siquiera son baratas, que, de última, siempre son una buena excusa.  Termino con mi té, me estiro un poco… Mi departamento no es grande, pero tampoco es chico, es ideal, me encanta: tiene una habitación grande, una chiquita que la uso de estudio, un living mediano, por decirlo de alguna manera y una cocina cómoda por emplear una forma similar a la del living. Es mi pequeño palacio. Como verán vivo sola.

Que risa lo de los machos, bue, ya podría dejar ese termino. Que risa lo de esos idiotas. Sigo pensando, me quedé media colgada, es inevitable. Me causa gracia porque, en realidad, somos nosotras, y creo en esto, las que más nos jugamos a la hora del sexo, aunque no lo crean, o piensen que no es así. (Este no es un mensaje para nadie ni por nadie) Creo que el hombre nos tiene miedo en la desnudes, aunque vengan llenos de fuerza muscular, esculpidos en el gimnasio o lo que fuere, el hecho de nosotras tener unas características hasta, quizás, ocultas a nosotras mismas, nos da una ventaja terrible a la hora de tener relaciones. El orgasmo por ejemplo: el orgasmo nuestro es algo que no se ve, se siente, y no hay conocimiento en el sentimiento, sólo experiencia. Ese momento (estoy complicada porque hablar con palabras de algo que sólo podemos señalar y no decir nada me va a dejar mal parada, pero ustedes me entienden colegas), ese instante donde sentimos que nuestra piel se tensa, es como que se quisiera dar vuelta, y que el dolor es tan extremo, tanto, que pasa a ser placer, tiene al hombre en una encrucijada por momentos muy extraña. Y como nos gusta ese momento, como nos gusta que nos hagan llegar, aunque no lleguemos con muchos, pero cuando dejamos que nos lleven, pero siempre con las riendas en nuestra manos, como nos gusta… bueno, como me gusta, dejo esto sólo para mi. Esos idiotas no tienen idea de lo que es… en fin, no me quiero prolongar mucho más porque me tengo que ir, ya se me está haciendo tarde…

Vos–Voz

Rapidito, rapidito… ¡Dejá eso donde estaba querés! ¡Ahí no! Si, a vos que me estabas hablando, te digo: Todo lo que dijiste fue un invento de lo más pelotudo, y si te lo digo es porque realmente sos un pelotudo. ¿Qué haces acá? ¿Te resultó gracioso? ¿Te resulto graciosa? Mirá vos que bien, ¡mira vos que mal! No tenés razón de ser, no tenés ser, eso es, no podes decir quien sos, no podes decir nada. ¡Mentira…! Pero no te voy a pedir perdón, sé que es un error mío, la imposibilidad de tomar tu voz me pone así. ¿Todavía siguen con eso de la voz propia? Que alguien tenga voz propia es como alguien que nació de una virgen y que lo podemos tocar, ¡una pelotudez!, por eso lo que te dije es mentira, salvo lo de pelotudo. Mirá, yo, como mujer, a veces no puedo entender eso que todos me quieren decir, y, la verdad, me importa tan poco, pero tanto de lo poco que me importa es que vos no dejes la pelotudez… pero ese es otro tema. ”Mirá, yo, como mujer, a veces no puedo entender eso que todos me quieren decir, y, la verdad, me importa tan poco, pero tanto de lo poco que me importa es que vos no dejes la pelotudez… pero ese es otro tema.” Todo eso es mentira, salvo el otro tema… En fin, quiero robarte tu voz. No, en realidad quiero poder tener tu voz, tengo la mía, tengo la de él, la de ellos, que es como la de él pero con muchos él, pero la tuya me esta volviendo una arpía histérica de lo imposible que se me hace asirla, por lo menor rozarla como cuando te dejé caliente, esa vez que te rocé… ¡Que calentura que tenias! Como te disfrute… no importa, no viene al caso.

Tengo que inventar algo nuevo, no sé, pero no quiero tu ayuda, me resultas un estorbo, siempre lo fuiste. ¿Cómo hago para poner tu voz en la mía sin que sea una imitación de la tuya saliendo de vos? Un problema. ¡Mejor andate querés! ¡Me tenés podrido con esa mirada insulsa! ¡ANDATE TE DIJE! (Te fuiste, idiota)

Bueno, ahora estoy sola… bueno, sola es un decir, este pelotudo me dejó la mitad de sus cosas. Una necesita deshacerse de todo lo de él para poder sentir que no está, tiene una cosa que se impregna que no suelta y que aburre, eso es lo peor, que aburre. ¿Ahora que hago con todo ésto? Éstos libros pedorros que lee. (Me acerco al balcón a ver si estás todavía abajo… (…) Ahí te veo) ¡Tomá tus cosas! (Te las tiré, jodete, siempre me haces lo mismo y sabes que me irrita… (…) vuelvo a donde estaba) ¿Dónde estaba? ¡Ah si! Buscaba la forma de reproducir tu voz sin ponerte en un papel como si fuera yo, no, yo nada, él tampoco… vos, tu, que se yo… Encima te eché, ¿Por qué? Por insoportable. ¿Y ahora como hago? Qué me pregunto eso si no sabia tampoco cuando estabas, mejor ahora que te saqué de encima. A ver, sigo, sigo, sigo.

Imagino una cosa, me sale ésto:

él soy, yo, el que escucha, el que no habla cuando los demás gritan

¿Qué clase de estupidez acabo de hacer? Me metí a mi, a él, pero vos ya te fuiste, no estas, por eso, porque te fuiste, ¿Por qué sos tan pesado que me haces echarte? En fin, en realidad, en todos lados digo lo mismo y no puedo lograr escaparme, ¿te das cuenta? No PUEDO… ¿Otro idioma? Estamos todos en la misma, todos, si vos también.

(Apareciste de nuevo) ¿Qué haces acá de nuevo? Vos… siempre es con vos el problema, ¿cuándo vas a ser otro? ¿cuándo va a ser con otro?

¿Cómo no volverse loco hoy?

¿Cómo no volverse loco hoy? ¿Por qué no? ¿Qué estamos esperando?

Nuestro cuerpo nos pide locura, nuestra alma nos pide romper con todos los limites, hundirse hasta el más profundo de los deseos, contactarnos entre los cuerpos, tocarnos en lo más oculto de nuestros pensamientos, experimentar con desenfreno y sin mediaciones, sin proyecciones, destruirnos en cada segundo, nacer en cada centímetro. ¿Por qué algunos siguen pidiendo a gritos más control? ¡Basta! Ese tiene que ser nuestro grito de batalla, nuestro grito de aventura, de aventura sin temor, una aventura al peligro, a la vida.

El camino está debajo de nuestros pies, conectemos estos con nuestro cuerpo, conectemos nuestro cuerpo con lo que realmente queremos, hagamos de él esa maquina deseante, una maquina que no se detenga por nada, que siempre busque lo que no puede y que cuando lo consiga lo abandone sin vergüenza, sin angustia, con fuerza y alegría, que alcance las máximas cumbres y que vuelva a los valles como si nada, que viva cada momento como realmente es, único e irrepetible. La vida no se va, la vida ya esta, no quiere ser, pero no busca morir podrida, sino fresca, inmensa, sin pensarse sin necesidad, sino viviendo porque para eso es la vida, de eso se trata. Basta de represión, basta de la insensatez del trabajo, de la rutina, del miedo a la muerte, de esa inseguridad que nos lleva a retraernos a lo más bajo que en una vida se puede llegar, al sedentarismo absurdo en un mundo que no para de moverse, busquemos la vida verdadera, el sentido de la tierra, el llamado de la naturaleza, que nadie sabe cual es, pero que no para de gritarnos que vayamos a su encuentro.

Asesinato

Tengo que comunicarles una noticia y, ante la imposibilidad de hacerlo por otros medios que no me propician los medios, valga la redundancia, para tal fin, lo hago por este lugar felizmente caótico y de una armonía personal muy pocas veces alcanzada por mi persona.

He matado con violencia y crueldad a una persona, a un hombre adulto.

Ahora me gustaría, sin intentar justificarme porque no quiero entrar en términos éticos sobre una discusión fácilmente perdida por estos tiempos y con mucha razón, decir algunas cosas que no puedo dejar de decir ante ustedes.

El hecho ya ha sido consumado y de una manera brutal. El primer paso fue introducir en su cráneo una bala de grueso calibre, que, con total simpleza penetró por su frente y salió destruyendo su cabeza por la parte trasera. En comparación con la entrada del proyectil, el orificio que se produjo en la salida fue del triple y quizás hasta el cuádruple del tamaño, y dejó escapar la mayor parte de su cerebro en flácidos y sangrientos pedazos. Esa imagen produjo en mi una exaltación, digámosle, de goce estético que nunca había sentido. Los colores, las formas, los olores sublimaban el cuadro a tal punto que uno no creía estar viviendo una realidad material, sino más bien una traslación de las emociones y las sensaciones a un plano inmanente por fuera de toda línea espacio-temporal describible en los lenguajes conocidos. El rojo opaco e intenso de la sangre que se escapaba con cierta calma por momentos y a chorros frenéticos por otros, daban la impresión de ser parte de una pendiente multiforme por donde el agua de un rio se volcaba sobre un lago azul e inquieto. El cuerpo desplomado por el suelo; la ropa que en los hombros se teñía del color de la sangre; la cara, totalmente fuera de si, con los ojos hundidos y negros, tenía la boca abierta y la lengua mordida por los dientes; todo abandonado, nada había ya en ese hombre adulto del que el nombre no me importó, ni me importará.

El segundo paso fue retratarlo, y así lo hice. ¿Cómo lo hice? ¿Qué hice? Solamente buscar un lugar donde esa brutalidad fuera apreciable: Una foto…

Sé que la humanidad ha de condenarme y bien así lo veo. Yo ya lo he hecho, bien muerto estoy por eso, bien bello he salido en la foto.