Archive for abril, 2011


En fin…

¡Ah! ¡Si! Me acuerdo bien… ahora si. No entendía que me querías decir, en fin… No fue así, estas muy confundido, en realidad, no fue solamente así, cómo te lo explico, a ver…

En realidad yo caí muerto, ahora lo estoy, por eso escribo, sino no podría, ¿Quién podría? Dejemos las disyuntivas. Caí muerto como dije, y de golpe estaba de nuevo parado. Es difícil de poder entender, y es peor cuando crees en Dios, o alguna cosa por el estilo. Me levanté y me vi todo desnudo. Nadie me veía (claro, estaba muerto), me di cuenta rápidamente de esto y empecé a moverme. Sentía todo igual, exactamente igual. Lo que vos viste no es así, es una imagen, y con eso decimos, una imitación, no la verdad verdadera de lo que me pasó, porque, al caer muerto, yo no fui a ninguna parte, me quedé en el mismo lugar, por eso la podredumbre, la sangre y demás. Si todavía crees en un ser superior, Dios, o lo que sea, o todo lo contrario, te digo, no existe eso, empíricamente comprobado.

Al pasar al otro lado, después de haber muerto, seguís vivo. Aunque paradójico, totalmente real, no podrías estar leyendo esto si no lo fuera. No estarías vivo en tal caso. Bueno, ahora que estoy muerto, sigo explicando. Al morir, nada más, todo vuelve a ser lo mismo, en realidad es tan idéntico que uno no soporta tanto parecido y quisiera volver a morir, que es, en última instancia lo que vuelve a suceder. La diferencia radica en que todos saben que es lo mismo, pero no lo dicen, no como antes… ¡Tenés razón! Antes tampoco, bueno, ahora uno escribe. De haber sabido que escribir era esto, me hubiera suicidado antes, pero dicen, aunque no les creo demasiado, que los suicidas desaparecen, o sea, no mueren (acá hay muchos de esos). De otras voces y palabras me ha caído el rumor de que no es verdad, por eso mi desconfianza. En fin… en fin, la muerte no es el fin, y uno se entera siempre tarde, después de muerto.

Ahora que lo decís, es muy probable que… ¡Noo! Una lástima, me hubiese gustado estar de ese lado, vivo quiero decir. La muerte me esta sacando tantas cosas, pero quien iba a pensar, bueno, no los que creen, eso está ya comprobado. Justamente no ellos, y acá me repiten que tampoco los ateos, tampoco los agnósticos. No sé muy bien que me quieren decir, lo entiendo perfectamente, por eso escribo, para que entiendas, para que vayas sabiendo. Hablo, escucho y observo como si nunca lo hubiese hecho, pero es como era antes, un poco más parecido, en fin… Es así, te lo digo, yo lo viví, en fin, me morí.

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Hoy dejo mi lugar de autor, si es que hay algún lugar para él en todo esto, a Pierino.

Antes de que ustedes, que quizás conocen a algún Pierino, lean, quiero decirles, antes de que él se haga presente en su ausencia, que no es, en realidad, el Pierino que ustedes piensan que es. Más bien alguien muy diferente, darán cuenta de esto, tanto por el tema a tratar, como la manera de tratar dicho asunto. Es, también, impertinente decir que Pierino trasciende el nombre propio, logrando catapultarse en limites insondables en la identidad humana, sin perder, aunque por poco, esta característica, que todavía lo tiene atado al mundo de los hombres. El muy infeliz no es aceptado por los que alguna vez fueron sus pares. Bien he dicho infeliz, pero, quiero dejar en claro que es por su falta de felicidad, no en un sentido despectivo de él. Habiendo, ya, dicho lo necesario, entiéndase que no es el Pierino que ustedes conocen sino otro, los dejo a su merced y sus inquietantes palabras.

Quisiera empezar diciendo quien soy, o por lo menos quisiera empezar a descubrirlo. Mi nombre, Pierino, me han dicho, no fue mi primer nombre, sino que fui conocido, en mi primer vida humana como Wukuk. Después mi nombre se fue perfeccionando hasta hoy,  pasando por Grishitin, Plontano, Gregorio, Romualdo, y hoy Pierino. He sido bacterias, bestias, luego plantas y toda clases de seres que pertenecen a la naturaleza; durante un tiempo forme parte de una montaña, antes de llegar a la forma humana. Se preguntaran cómo sé todo esto, mis vidas pasadas, mi primer nombre; quisiera que presten atención, porque la historia que les voy a contar ha sido una experiencia… creo que no alcanzan los adjetivos para describirla, paso a contarles.

Era un día de invierno, una tarde fría, gris, esas tardes que es preferible que sean noches ya que las nubes no dejan al sol mostrar su cara, cumplir con su función, que es darla a todos nosotros. Caminábamos con mi perro, Roberto, buscando liebres o algún animal para cazar. Roberto siempre con el hocico contra el piso y de tanto en tanto levantando la cabeza buscando a su presa. Yo miraba el terreno, pastos varios y desordenados llegaban hasta el horizonte, amarillos, secos por fuera, con suerte vivos dentro; algunos arboles sin hojas, grises en toda su corteza, quietos e impasibles. Pensaba, en muy pocas cosas, pero no dejaba de hacerlo al fin. Mujeres, sobre todo en ellas pensaba, en la vida, todos pensamos en la vida, en lo que me rodeaba, en tantas cosas, en realidad no tantas.

En un momento, sin poder entenderlo miro a Roberto que, después de haberse alejado bastante, volvía sobre sus pasos y corría hacía mi, con la lengua afuera y toda la fuerza y velocidad que podía. Yo, mirándolo en toda su graciosa forma perruna, me arrodillo en el suelo, y extiendo mis manos para recibirlo. Su velocidad y frenetismo eran graciosos, hambrientos, sedientos, terribles. Sentí una extraña sensación en mi cuerpo, mis piernas, rápidas, queriendo, en un abatimiento terrible, correr desesperadas; mis manos buscando la firmeza del suelo para emprender la huida; empecé a predecir que Roberto no me veía. ¡A su dueño y amigo! Intenté gritarle, pero no salían palabras, no podía exteriorizar con sonidos ningún tipo de orden o grito posible. Los pastos estaban, en algunos lugares, altos, en otros, bajos, o no existían; los ojos de Roberto fijos, decididos, terribles. Mis piernas doblegaron mi voluntad, mis pensamientos ya no eran más que escapar y correr lo más rápido posible. Fue increíble, la velocidad era impensada, supra humana, mis piernas traseras funcionaban a la par con una potencia propulsora sin igual. Nunca había corrido tan rápido. A Roberto lo sentía, no lo veía, se acercaba con grandes zancadas. Comencé a realizar maniobras para desconcertarlo y que pierda velocidad. El zigzagueo resultaba efectivo pero no como me hubiese gustado, Roberto perdía unos metros pero los recuperaba rápidamente. En un momento, comencé a sentir sus ladridos cerca, casi sobre mis orejas, que funcionaban como guía en la persecución, tanto para el camino a tomar, como para saber a que distancia estaba mi perseguidor, mi perro. Mis orejas no dejaban de alarmarme, y los ladridos cada vez se hacían más cercanos y terribles. En un momento, como si mi cuerpo hubiese terminado la transformación, los ladridos se hicieron más finos, más claros, aunque más cerca.

– ¡Para, no corras más! ¡Para!- No había ladridos, entendía todo, aunque ahora lo relate en lengua humana, y pierda muchas cosas que me ladró Roberto, puedo, entre todo, decir que fue eso lo que me dijo.

En varios saltos largos me detuve. Roberto se abalanzo sobre mi, me lamio toda la cara y, con su cola moviéndose frenéticamente, apoyó sus dos patas sobre mis hombros.

– ¿Qué dijiste Roberto?- Le sujeté la cara con las dos manos y lo miré fijo. Su lengua salía de su boca agitada, su respiración sufría no tener más narices y pulmones. – ¿Hablaste Roberto?-

Unos simples ladridos, graciosos y extrañados salieron de su agitada boca.“Guau Guau Guau”.

Bueno, Pierino se ha ido, ha dejado sólo esto, espero que les haya sido grato, si no sepan disculpar. Únicamente quiero dejarles un último mensaje de mi parte, espero sepan entender: “Pudiendo abrir sus corazones yo prefiero ocultar el mío”.

En la próxima entrega, otro autor, otro personaje, otra vida, otra ausencia.

¡!

Mierda que estoy solo… feliz mente, dolorosa mente, tantos adjetivos… pero solo al fin. Cuanto me gusta, cuanto lo detesto, digo más de lo que en realidad siento, porque… ¿quién puede decir en palabras lo que realmente siente? Sabemos que las palabras no dicen verdades, ni dicen nada real sobre las cosas, sólo identificamos cosas con ellas. En este intento de catarsis, las palabras, lo que realmente me mantiene vivo, no logran concretar mi estado. Cómo sigo en este instante… feliz y triste, fuerte y débil. Soy, pretendo ser, una persona particular, aunque estoy embarrado en la mediocridad, o solamente es lo que yo pienso, y que después lo digo. ¿Cuántas historias puedo contar si ya han muerto los relatos? Tengo que volver al pasado para poder decir, realmente, lo que quiero decir… La muerte es de lo único que se puede hablar, pero nadie quiere, nadie es lo suficientemente valiente para hablar de ella…

Mierda que estoy solo, ya no puedo hablar de nada, menos de mi, aunque siempre lo supe, lo que angustia es no poder, todavia, no saber como romper con eso…

Segunda persona

He estado pensando, entre tantas cosas, en una especifica. Aunque no es posible decir con claridad como es, quiero poner en los ojos de todos, que no ha sido fácil relacionarme con este pensamiento. Muchas razones aparecen, pero la que más se impuso fue: La necesidad. La necesidad estuvo presente en todo este proceso de asimilación de este juego mental que se presentó en mi, hace ya un tiempo y con ahínco se afirmó en mis mañanas, tardes, noches, sueños y en todas las partes de mi andar cotidiano. Ese pensamiento ha sido y sigue siendo bastante agotador y muy satisfactorio.

He pensado mucho en vos, en eso he pensado, en vos. Quizás al leer esto te preguntes quien es esa persona que llamo vos, bueno, es exactamente esa, vos, que en este momento estas leyendo esto, que quizás empezaste y dejaste en las primeras líneas, o que todavía estas siguiendo cómo estas letras forman palabras y siguen para formar frases y luego algo que vos querés saber o que estas tratando de entender en esto. Quiero que entiendas que lo que hay para entender es la simplicidad de que hablaré de vos, de esa segunda persona que esta encarnada en tu mirada, en tu oír. En fin, quiero hablar de vos con vos. Entonces hablemos.

Resurrección

Al decimo sexto día, Romualdo se decidió a resucitar entre los muertos. ¡Al decimo sexto! Bueno, pongamos paños fríos en el asunto. ¡No! ¡Dieciséis días! ¿Qué hiciste Romualdo? ¡Dieciséis días Romualdo! ¡Sabes como esperamos que te dignes a aparecer! Todos con el librito en la mano: “Al tercer día resucitó entre los muertos” ¿Nos estás tomando por qué Romualdo? ¿Nos podes explicar dónde estabas? Porque esto no es gracioso ni es una fiesta… años, milenios esperando para que aparezcas y ahora te das el lujo de volver dieciséis días tarde, ¡Dieciséis! ¡Trece días de más! Y esta vez nada de via crusis ni nada, aprendimos, te tratamos como un señorito ingles y no te importa nada.  ¿Nos estas tomando el pelo? A ver, a ver… Mirá Romualdo, no sé que hacer, pensamos que habías sido otro invento más…

Bueno Romualdo, bueno, perdón… perdón. ¿Me podes perdonar? Ponete en mi lugar también, dos mil años Romualdo, el libro dice “al tercer día…”, no me culpes… Bueno, para, no te pongas así, te pedí perdón, ¿Qué más querés, querés que me arrepienta? Está bien, me arrepiento, me arrepiento de haber dudado… No te pongas así, Romualdo, te lo pido por Dios, por tu viejo te lo pido, que es mi viejo también. Ya sé que vos sos el único, ya sé. Bueno, qué querés que haga, soy así… bueno, está bien… bueno. ¿En serio me decís?¿Cuándo? ¿Hay que esperar más? No te lo puedo creer… ¡No te lo puedo creer! ¿Por qué te crees que nos están tomando? ¿Por quién? ¡No te puedo creer! ¿Son pelotudos ustedes? No, no paro nada… metete el arrepentimiento… bastante bien… ¡No! ¡No! A mi no me toman más el pelo, no nos toman más el pelo, ¿Qué se piensan que uno está de joda acá? ¡No! Avísale a tu viejo, que seguro esta escuchando, espero…, que no es así… ¿Quién se cree que es? ¿Dios? ¡Pero que me calienta si es Dios! ¡Me lo paso por…! ¡Dios! si, que sea el Diablo también con todos los ángeles juntos, a mi, ¡a mi!, ¡a nosotros no nos toman más el pelo! ¡Basta! ¡Basta loco, basta!

¡No Romualdo! ¡No! Y te lo repito: ¡No! ¡No! ¡Tres veces no! No sé que vas a hacer vos, acá no te quedas más, volvete por donde viniste. ¡Para colmo viniste! ¡Dieciséis días te tomaste y viniste! ¡No tenés cara! Yo que dije: bueno, el otro tres días, igual me pareció demasiado… pero vos, ¡Vos Romualdo! ¡Dieciséis! Nos estás tomando el pelo a todos, y listo, ya estamos cansados, basta de tanta pelotudez, esto así no va. Ustedes mucho confiar, mucho confiar, mucha fe, fe de acá, fe de allá, pero viven al pedo. A ver… ¿Qué hiciste en estos días? Seguro estuviste de joda con las 72 vírgenes y el otro atorrante de tu primo… Sabes qué: decile a tu viejo: que si quiere dar la cara estoy en casa trabajando, si es que todavía tengo trabajo, porque seguro mi jefe después de estos dieciséis días me raja sin mediar palabra, y por si no lo sabe, o no se dio cuenta de que lo sabe, tengo una familia que mantener, una angustia que aplacar para no mandar todo a la mismísima…

¡Anda Romualdo! ¡Anda! ¡No te quiero ver! ¡No te queremos volver a ver!